José María Íñigo.

El sábado 5 de mayo me desperté triste. Lo primero que leí en Twitter fue que había fallecido José María Íñigo. La voz y el bigote comunicador de unas cuantas generaciones de españoles amantes de la televisión y la radio.

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Los de la generación de los 90 en adelante no vivimos sus inicios en la televisión pero nuestros padres sí. José María era capaz de convertir Prado del Rey y la sala de fiestas Florida Park en una auténtica fiesta musical al mismo tiempo que entrevistaba a los artistas del momento que dejaban grandes anédotas. Lola Flores (su pérdida de pendiente en directo) “pero el pendiente, Íñigo, no lo quiero perder”; Uri Geller, quien dobló la cuchara delante de toda España y la curiosa anécdota en un hotel de Madrid donde se gestó aquel momento. Con este momento consiguió 34 millones de espectadores esa noche.

Fue un gran maestro del periodismo musical, leyenda de la comunicación, historia de la televisión de nuestro país. Antes de que nadie hiciera nada él lo hizo todo. Y lo seguía haciendo, murió a los 75 años, sin jubilarse. La voz de Eurovisión, colaboraba en Hora Punta, en RNE, luchador incansable del español sin anglicismos en Twitter

Un hombre todoterreno que empezó trabajando en su Bilbao natal en una tienda de discos y  una aseguradora y siempre quiso estudiar, pero su vida le llevó por otros caminos para hacernos disfrutar a todos de su talento. Estuvo en la BBC de Londres 3 años y a su regreso a España trabajó en revistas escribiendo sobre música y fue DJ. De Londres se trajo la moda de hacer listas de éxitos musicales.

Estudio abierto, Directísimo, Esta noche fiesta, Íñigo en directo, ¿De qué parte estás?, No es un día cualquiera, Supervivientes: perdidos en el Caribe, la voz de los comentarios de Eurovisión junto con José Luis Uribarri,  4 libros (La tele que fuimos lo compré y leí. Es apasionante.), algunos discos, publicaciones en revistas de comida, un blog de viajes…

Este era él. Un hombre incansable, insaciable, un maestro de la televisión (aunque no le gustase que se le llamara así). Retrató la ingenuidad de un país que descubría la tele e hizo que, además, emocionara. Pensábamos que un hombre inapagable, y nos equivocamos. Lloramos su pérdida el sábado comunicadores y consumidores de los medios.

Descansa en paz maestro.

 

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