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La semana pasada la compañía aragonesa de teatro de improvisación Indigesto cumplía 10 años sobre los escenarios. Lo celebró como auténticas estrellas de cine sobre las tablas, incluída una alfombra roja a la entrada del teatro.

Así introducían al público en su obra y los hacían formar parte del espectáculo.

“Para hacer el espectáculo bebemos de lo que ya existe en la ficción tanto en televisión, como cine como teatro. Nos inspiramos de lo que lo hace cualquiera que consume ficción y lo reinventamos a nuestra manera” Me contaba al finalizar la obra uno de los actores. Ellos ensayan los juegos, las formas de llevar las historias a escena,

La mecánica de la obra era simple: 3 directores de cine les daban directrices a sus actores e interpretaban 3 historias. El público votaba cual de las 3 se quedaba fuera en primera ronda, y solo desarollaban más en profundidad 2, de las cuales se volvía a votar para ver una de ellas al completo.

Cada función es diferente de cualquiera de las anteriores y de las siguientes. Es lo que tiene la magia y esencia de la improvisación. Sobre la marcha y a una velocidad que se nos escapa al espectador desarrollan las historias, mejor o peor. Son apuestas arresgadas de las que casi siempre salen airosos. Su capacidad de pensar y actuar es muy buena, rápida y eficaz.

 

En la obra que vi yo se desarrollaron 3 historias: una de época medieval e historia bastante reconocible, otra de “Callejeros” y otra de un fin de semana entre amigos en un camping. ¿Se asemeja a lo que estamos acostumbrados a ver, verdad? Si. Pero estamos acostumbrados a que detrás esto tenga un guion, unos personajes que saben lo que van a decir, que lo tengan preparado o al menos vivido. Los actores de Teatro Indigesto van sobre la marcha, ayudándose unos a otros y apoyándose en lo que ya existe, pero expresándose en segundos con lo primero que les viene a la cabeza.

Eso es lo más destacado. No defraudan en sus actuaciones y siempre te sorprenden para bien. A mí me llegaron a emocionar.  Me dio tiempo a acordarme de Isabel, de El Ministerio del tiempo, de Oregon TV, de Sé lo que hicisteis el último verano, de un monólogo de Goyo Jiménez sobre los americanos y las películas de miedo, y de Los Hombres de Paco. Incluso en momentos parecía que estuviesen rodando una película o una serie en directo, tanto es así, que me llegó a recordar a ciertos momentos de monólogos ínimos frente a la cámara que se hicieron tan famosos en Los hombres de Paco. La productora Globomedia nos hizo emocionarnos con ellos y sus íntimas reflexiones de ciertos actores ante la cámara tal como ellos nos recrearon a su manera sobre el escenario, de forma improvisada. Como decían sus directores: “sigue por ahí, me interesa.” Y al público también. Esto en directo, sin ensayos de guion e imitando tan bien a lo ya conocido tiene un mérito increíble.

 

No es sencillo celebrar en esta época 10 años sobre los escenarios. Tenían su propia gala a la altura de los grandes espectáculos, con sus periodistas, fotógrafos, y acomodador, los alumnos de su escuela. Y hasta su ilustrador en directo: Bernal el monigotero.

Todo para crear una magia que una vez dentro, sobre las butacas, esperas algo que acabe emocionando. Eso es un gran espectáculo, digno de toda la atmósfera que crean para la ocasión. A nadie le indisgesta su teatro.

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