Rendirse no es una opción

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Si una película está basada en hechos reales por alguna razón el espectador piensa que va a ser dura, en cualquiera de las versiones que esta palabra exprese.

100 metros sigue esa línea. Emotiva, dura sin llegar a ahondar profundamente en la herida, y con pequeños toques de humor que la hacen un poco más llevadera.

Una vida perfecta: un hombre casado con una buena mujer, un niño perqueño y otro en camino, un buen trabajo y una esperanza de que nada va a cambiar. Por desgracia puedes tenerlo todo en la vida y de una forma inesperada tener un giro en ella que te cambie todos los esquemas, o te los modifique cada cierto tiempo. Ramón, el protagonista, sufre esclerósis múltiple. Una enfermedad que, como dice la médico en la película, ni tiene solución ni esquemas fijos de actuación. Se producen brotes cuando el cuerpo decide y no siempre son con una “rutina” determinada. Se te paralizan ciertas partes del cuerpo, hay que ir a revisiones médicas contínuas y te puede impedir realizar acciones cotidianas. Ramón ante esta siuación no se queda quieto esperando que lleguen los brotes y las visitas médicas. Su vida se descompone a la vez que él mismo y su familia intentan frenar que la enfermedad les paralice a todos. Con su suegro en casa discutiendo siempre que tienen ocasión se olvida muchas veces de su situación.

Su nueva vida se divide entre el gimnasio y las revisiones médicas. En el gimnasio ve un cartel del próximo Ironman (natación, bicicleta, runing) que se celebra dentro de un año y decide plantarle cara a su enfermedad compitiendo en él. Si ya de por si es una prueba durísima para cualquiera que se quiera presetar para una persona con esta enfermedad es el doble o triple de dura. Junto a su suegro, ex entrenador deportivo, consigue con muchísimo esfuerzo y trabajo llegar a competir superando las pruebas personales y deportivas a las que se enfrenta. A través de estos entrenamientos vemos el día a día de la lucha de Ramón y toda su familia contra la enfermedad. Se descubre mucho más de ellos a través del esfuerzo de superación, la lucha, las ganas de alanzar la meta…

Emotiva y con pequeñas pinceladas de humor nos cuenta la verdadera historia de Ramón plantándole cara a esta enfermedad. Lloras, te emocionas, empatizas tanto con el personaje y su alrededor que sientes en ciertos momentos sensaciones de cómo pueden sufrirlo ellos.

¿Alcanzará la meta? ¿Cumplirá su propósito? ¿Se rendirá antes de tiempo? ¿Cómo logrará luchar con su monstruo más fuerte?

Dani Rovira y Karra Elejalde desde su posición,de nuevo, de suegro y yerno nos muestran una historia magnífica donde los valores del deporte, del amor,y las viviencias humanas y reales de una dura e incierta enfermedad se juntan para hacernos reir entre lágrimas. Acompañados de Alexandra Jiménez forman un elenco fuera de su habitual rol de humoristas que enternece y humaniza el dolor de manera perfecta. ¿Quién pensó que estos humoristas solo saben hacer reír? ¿Quién dijo que no saben hacer drama sin forzar la emoción y disminuir el sentimiento? Nos lo muestran con cierta ligereza emocional, no es necesario narrar toda la dureza del día a día a fondo, pero no es necesario. Se conecta muy bien con el matrimonio e incluso con el suegro. Brillantes me parecen las interpretaciones de los tres.

Ojalá sirva de ayuda para muchos enfermos y familiares de esta enfermedad y para ayudas externas que puedan paliarla o curarla definitivamente. Gracias por esta maravilla.

 

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